El otro día estaba en la estación de autobuses, llegaba justa de tiempo, pero el bus no estaba en su dársena todavía. Nadie tiene prisa cuando hay pocas personas. De todas formas me posicioné cerca de donde este tenía que aparcar, con mi maleta y mi mente huida del momento.
Entonces, en vez de ver, miré. Y miré a un hombre curioso. Llevaba en pelo largo y rapado a la vez, tapado con una gorra de terciopelo, iba vestido de ropa vaquera de los 2000, algo gastada, pero en buen estado. Los zapatos eran montañeros buenos, muy atados, varios nudos. También llevaba una mochila, de paño y muy llena, en un lado llevaba una botella de buena marca toda abollada y una pluma real castaña, con punta apretada contra la tela de paño. Lo último que recuerdo era que debajo de las gafas e incluso debajo de su fino bigote, había una tonta sonrisa muy alegre.
Iba con dos personas, una de su mismo estilo, otra algo más hippie y una última vestida de manera que pasaría desapercibida en la calle, nadie se fijaría en ella. Sin embargo yo me fijé.
Parecía boba mirando a esos cuatro transeúntes, pero me hizo darme cuenta de que hay mucho más que mis preocupaciones, que distraerme mientras me concentro en los detalles me relaja y es hermoso.
Y esa es la galaxia de la que hablo, es cada detalle que hace a cada cosa o persona única y hermosa por su diferencia.
A veces la galaxia no se ve hasta que es tarde, cuando recuerdas con una vividez asustante alguna cosa que nunca pensaste que volverías a pensar.
En verdad tampoco ese es el punto de mi galaxia, por que a veces también la siento, puedo sentir una soledad abismal, puedo sentir el viento en verano y sonreír hasta llorar por el alivio que me produce, puedo sentir con los ojos cerrados, sin embargo, también puedo cerrar los ojos y escuchar, regocijarme de un pájaro solitario en invierno, unas hojas en un árbol agitadas o un coche pitando a lo lejos por alguna molestia de algún otro conductor.
Por que eso es lo que es, usar los sentidos para darte cuenta de que estar vivo es más que respirar, comer, dormir... Es darte cuenta de lo que te rodea y más allá de eso darte cuenta de que formas parte de ello. Aunque sea en silencio o entre el ruido, con los ojos abiertos o cerrados, solo viendo, solo escuchando, solo sintiendo o todo a la vez.
Y repito, esa es la galaxia de la que hablo llenarte tu de lo que te rodea y llenar lo que te rodea de ti. Y cuando te das cuenta de que esta pequeña y estúpida frase tiene sentido, cambias tu forma de percibir y de ser a una que aproveche más toda la existencia. Haciéndola tuya, solo tuya, aunque tengas que compartir el espacio y darte cuenta de la existencia de este, la percepción sigue siendo únicamente la tuya. Pero tuya sin egoísmo, por que una vez dejas de ver más allá de ti nunca te jactas de lo precioso que puede ser algo fuera de tu tristeza o de tu estrés. Y te pierdes de aprender, de inspirarte, de recordar, de sonreír, llorar o simplemente existir.
Gracias pequeño hombre fuera de lo aburrido y gracias imagen de juan durmiendo de espaldas al teléfono con el cuerpo moviéndose de forma descompasada por que no puedes respirar por la nariz. Gracias por, de vez en cuando abrirme los ojos y hacerme "mirar".
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