Mi zona de confort, como es obvio, me da seguridad. Es como una camita suave y calentita en un día lluvioso.
Salir de ella es un reto del día a día, un miedo que, si no es dosificado, puede dejarte sin aire.
Para mi, salir de mi zona de confort es como una obligación para mi bienestar futuro, algo que debo hacer para buscar mi bienestar definitivo.
Una especie de experiencia planificada (para que pueda afrontarla), porque en el momento no me guste, más adelante supongo que lo hará.
Lo estoy intentando con socializar por ejemplo, a menudo me replanteo si es buena idea, ya que siempre he deseado tener más amigos, pero la idea del mantenimiento de estos me cansa profundamente, aún así lo hago simplemente por el hecho de que sé que puede hacerme bien, y últimamente, mi bienestar es algo que suele preocuparme.
Salir de la zona de confort es algo muy importante para mi persona, dado que no es algo que se pueda hacer de manera inconsciente, y te abre puertas a mundos a los que tenías pánico quizá por una razón imaginada, como cuando te amodorras en la tristeza y piensas (como yo) que si te levantas de tu acomodo, perderás por completo tu arte de tener arte.
Quizá sí, o no, pero nunca lo sabes hasta que no buscas esa pared con rueditas que te separa de todo lo que te da miedo o te incomoda y la empujas hasta hacer más grande tu zona de confort y más pequeño aquel mundo que asusta tanto.
Un miedo, para una persona que necesita controlarlo todo es doblemente malo, por eso, hay que crear la ilusión de que podemos controlar lo que no podemos controlar, buscarle esquinas de seguridad para dominarlo hasta el punto en el que ya es parte de nuestro orden habitual.
Si tuviera que explicar claramente lo que significa en mi cabeza salir de ese circulito dibujado por mis límites, diría que solo es elegir que nuestro espacio seguro no nos llega y queremos tener más espacios para sentirnos seguros, siendo sobre todo inconformistas y buscando aquello que nos puede hacer sentir cómodos en las situaciones más diversas, haciéndonos dotar de seguridad nuestras acciones a medida que vamos ganando terreno y llenando a nuestra persona de cosas que nos hacen desarrollarnos y ser quienes somos, supongo, resumiendo en que amodorrarnos en nuestro entorno de referencia no siempre es sano y a menudo nos estanca en todo lo que, en realidad, llevamos toda la vida replanteando dejar atrás, solo por sentir que controlamos la situación o que, en cambio, no tenemos porque controlarla ya que se amolda a lo que nos hemos acostumbrado.
Lo que significa seguir en esa zona por siempre es hacernos el molde definitivo donde nuestra alma morirá sin preocuparnos de qué tan pronto eso pase.
¿Acaso eso no da más miedo que enfrentarnos a nuestros demás miedos?
Quizá estoy adelantándome mucho a los acontecimientos, pero siento que empujando lo que nunca tuvo prisa estoy poniendo el mecanismo del descubrimiento en marcha, mirando por mi vida, aquella que necesita ser vivida.
Así que gracias a mí por darme cuenta de mi misma.
Comentarios
Publicar un comentario