Tengo un trastorno mental. Lo acepto. Tengo que hacerlo. Fui obligada.
Un día me dijeron que tenía síntomas preocupantes y eso llevó a que supiese cosas que yo nunca iba a curar en mi, que tendría que vivir para siempre con los síntomas.
Hay unas habilidades básicas para ser exitoso en habilidades sociales y da la casualidad de que me faltan tantas que cualquiera que no supiera que actúo, se sorprendería de una manera brusca.
Intento, en vano, suplir las carencias exagerando otras habilidades. En vano, por que hace llamativas, más de lo que son, las carencias claro.
Tengo un trastorno de personalidad. Me hace peculiar, distinta, apartada y con ligeras alucinaciones, que yo pensé que eran parte de una personalidad de artista.
Hoy en día todos tenemos uno u otro tipo de trastorno. Es algo que debemos de aceptar para que las personas puedan tratar sus ocultas carencias, por pocas que sean.
En parte, mis padres tienen la culpa, la sobreprotección hace que se recorten las oportunidades de interacción en las que se adquieran las nombradas habilidades.
Además soy demasiado sensible para trabajar con gente, todo me afecta y tendré que trabajar con personas con problemas más allá de los míos.
Tengo miedo, me da miedo no poder con ellos, que ataquen mis pesadillas, todo en general, mi futuro.
Tengo miedo de que lidiar con los síntomas se me cruce y genere una incapacidad total de ciertas habilidades en mi.
¿Qué haré yo sin nada entonces? ¿Quién me soportará?
Sinceramente un trastorno mental no aporta nada bueno, principalmente, a la fuerza te hace diferente, cosa que está bien siempre que no te definan eternamente tus peculiaridades.
Diversidad funcional lo llaman a veces, por el hecho de que tu cerebro funciona de manera algo diferente y tu forma de desenvolverte se ve condicionada por las capacidades, que se ven afectadas a su vez por tus propias peculiaridades. No me considero una persona con diversidad funcional, no me gusta sentirme una persona con diversidad funcional, por que no quiero sentirme más excluida de lo que estoy en la sociedad.
Y es una verdad muy cercana, muy triste.
Debería ir al psiquiatra, que me diga como esconder mis discapacidades, como controlarlas dejándome llevar por un modelo poco social de tratar síntomas de la diversidad. Hace mucho que no voy al psiquiatra, desde que no me tomo la medicación de la depresión, y de eso hace muchos meses, casi un año, ni siquiera mi psiquiatra lo sabe.
En realidad me dejo llevar, dejo que esta pseudo enfermedad me controle y me aleje de la sociedad, dejo que lidere mi forma de actuar, de pensar y de escaparme. En realidad no hago nada por contradecir su rastro ni su camino. Mi futuro por ello puede ser negro, pero no se como actuar para detener todo esto, para llevarlo de la mejor manera posible.
Por desgracia, en realidad, no me he acostumbrado a esto, no lo he aceptado del todo, ni lo he adaptado a mi. Yo me he adaptado a ello sin llegar a creérmelo del todo, como si no fuera el tema conmigo, sino que un colega o un familiar sufre lo que yo sufro y lo veo desde lejos. Sin interactuar con esa pseudo enfermedad, sin sufrirla, dando pie a la ignorancia sobre mi misma. Tengo mucho miedo... Tengo tanto miedo que no puedo pensar a donde me va a llevar esto... Si pierdo una capacidad, si pierdo mi esencia... Perder. Perderme, ese es mi gran miedo
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