Creo que ya escribí sobre este tema antes, las tormentas, pero da tanto que hablar...
Las tormentas dan miedo, un miedo sobrecogedor que hace que bajes la persiana y cuentes para ver cuanto se aleja, sobretodo porque suelen ser nocturnas y en la noche salen a relucir todas aquellas injusticias que conlleva la culpa, el dolor, la tristeza...
Las tormentas hacen con cada trueno que sienta el corazón. El corazon ennegrecido que tanta pena lleva se convierte en un tambor y sentir su dolor de nuevo me lleva a pensar en todo aquello que habia estado guardando, pudriendose, dentro de mi. Pues hay cosas que no desaparecen, solo son cúmulos de dolor que escondes en alguna parte, cada vez más grandes y que cada vez duelen más.
Entonces piensas de nuevo en todos aquellos mensajes que te hicieron daño y no lo dijiste para no herir a la otra persona, en todos los insultos a tu hermana pequeña, en todos los fallos de los que se rieron de ti en la escuela... Todo debajo de tu edredón caliente y con olor a cama. Todo en la soledad de la noche y la luz de los rayos alumbrando con su destello cada recuerdo que creías tener olvidado.
Las tormentas son aquello que te agita y acaba por hacerte llorar al ver que realmente estas sola o solo en tu cama, sin importarle lo suficientemente a alguien para abrazarte y susurrarte que intentes dormir.
No se cuando empezó a importarme todas aquellas tonterias que ahora escribo, pero si se cuando empezaron a horrorizarme las tormentas.
Tenía cinco años y por costumbre soñar con una sombra blanca que recorría mi cuarto hasta llegar a mi cama. Por aquel entonces, las tormentas solo eran luz y sonido, pero esa noche algo aprovechó que estaba bajo el edredón para meterse conmigo en la cama y dañarme.
Ese recuerdo hace que cada cosa que piense del pasado con relación a él haga que quiera morir.
Entonces le tengo miedo a las tormentas, a las sombras, a la gente...
Tengo miedo a todo.
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