Pronto llegará el verano y yo ya me siento en parques vacios a ver el tiempo pasar, disfrutando del frio y de la luz clara entre los arboles.
Temo el verano por que odio el calor, odio el sol y sobretodo odio tener demasiado tiempo para pensar..
El calor te obliga a llevar cosas cortas para no sudar, detesto llevar cosas cortas.
He vuelto tras tanto tiempo a habitos poco saludables y no quiero hablar del tema, pero tampoco quiero que se vean.
Hace poco, entre mis habitos, olvidé tomarme la medicación durante días sin que nadie me lo recordase y caí en un episodio depresivo que me está costando pasar y he vuelto a fumar.
Ahora ni siquiera me preocupa mi aspecto, que juré mantener para no llamar la atención en el entorno. En vano pues mi entorno me envuelve en una esfera de mal rollo y sombrías palabras hacia mi persona.
El invierno es un amigo fiel, moja el pelo cuando lo tienes limpio y llena los libros de frio y humedad, el invierno hace que todo huela a lluvia y que la aangre limpiada desaparezca tras unas gotas de agua.
El invierno no solo es un amigo, es un aliado, pues es la escusa perfecta para no salir de la cama y para llevar mangas gruesas y pantalones fuertes.
Pero pronto llegarán las horas más largas de luz y calor que entrará por la ventana abierta en un vacio intento de mantener la frescura o de aliviar la humedad ardiente.
Y esta entrada del blog solo es un recordatorio de que se acaba el viento que te deja roja la nariz por las mañanas y las manos moradas en los bolsillos.
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