Sentada sobre una piedra de poco conocimiento, en un parque húmedo, veo pasar las horas que pierdo sin hacer nada, la vida se complica con los minutos y el tiempo se va y no regresa.
Parece una tontería pero cuando tienes prisa todo es demasiado serio para dejarlo pasar y se supone que debes cumplirlo todo para no regresar a tu lecho con la decepción sobre los hombros.
Perdiendo cosas que quizá en un futuro pueda recuperar pero que por ahora solo me parece que estoy perdiendo.
Llevándome la decepción más lejos de lo que nadie querría llevársela solo por el hecho de no poder enfrentarme a todo aquello que se me pone delante, y no solo no poder, sino no querer tampoco.
Las clases se pasan sin mi asistencia y cada vez más profesores se preguntan dónde estaré, pero ninguno sabe dónde realmente estoy ni cuando volveré de ese misterioso lugar y aunque esté en clase mi asistencia es nula pues mi mente se encuentra en otro mundo en el que quizá y solo quizá seria feliz.
Ninguno sabe que los problemas en casa son tan duros que apenas me puedo mover de mis hermanos y de mis tareas. Ayudando a embalar cajas y embalar vidas enteras.
Ninguno sabe que no me puedo parar a estudiar porque no hay tiempo si quiero tener una casa en la que vivir.
Si, si pensabas en que me van a echar de casa estás en lo cierto, no sé cómo ni cuando pero está ya no es mi casa, en breves tendré que cambiarme a una mucho peor y mucho más lejos y no hay tiempo para pararse a pensar en otras cosas que no sea huir. Huir quizá a lo que sea casa pero no hogar, rota y desvencijada además de desordenada, una alargadera de mi marginación social, pero más cerca de lo que realmente quiero.
Mis notas bajarán, mi confianza se perderá y por lo último quedaré agotada. Cada día tendré que coger un camino muy largo para ir donde tengo que ir y uno más largo todavía para volver.
Pero así es la vida, complicada. Y no todos saben por dónde cogerla.
Comentarios
Publicar un comentario