soledad del secreto

Cada vez que salgo de mi, cuento todo sin tapujos. Soy una persona que no tiene secretos si alguien pregunta, por que no sirve de nada guardar algo que sabes que va a costar esconder. Ni sirve de nada intentar dejar atrás algo que tienes más pegado a ti que tu propia alma. 
A veces, sí toca esconder algo a ciertas personas, saber que debes privarte de ciertas cosas por que de otra manera muchas de ellas se acabarían, y claro, no quieres eso.
Entonces comienzas a sentir la diferencia: de tenerlo todo sobre la mesa para evitar problemas a no poder decir nada sin sospechar que los que te rodean ya lo intuyen. Y no poder decir nada te hace sentirte completamente solo, abandonado, vacío. Pensar que nadie es inocente de tu sospecha, queriendo que todos lo sepan y que nadie lo quiera saber a la vez, para quitarte ese peso de encima. pero con el miedo de ser juzgado. 
Guardar un secreto es no poder compartirlo ni contigo mismo en voz alta por miedo a que las paredes tengan oídos, como tanto es dicho en las películas. 
Porque sí, los tienen, y todo se acaba sabiendo sin querer, cualquier indicio que tu dejes lleva a sospecha y cualquier sospecha a rumor, rumores que acabarán suponiendo por ciertos y solo tendrás dos opciones, desmentirlos o adaptarte a ellos. Y cuando no hay ni manera de desmentirlos ni querencia de adaptarte a ellos surge la suplica por que no salgan.  
Y te vuelves loco pensándolo y volviéndolo a pensar, dándote cuenta de que puede que solo te pase esto por que en el fondo si quieres llamar esa atención, esa que tanto te recuerdan hagas lo que hagas.
Por que en el fondo solo tienes problemas por que tu te los creas y con ellos intentas llamar la atención, pues si no la llamas con uno, surge otro en ti para probarte. 
Harta, desolado, hundido, sola y teniendo que esconderte de por vida de la estúpida suerte que te ha tocado vivir. 
Por ahora acabo.  

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