No sé qué pasa ni hace cuanto si quiera, pero se que ahora tengo otro hombre sumándose al control de mi vida, pues dejando atrás al padre que dañó mi infancia, al padrastro cual personalidad es poco mejor que la controladora y manipuladora de mi padre y a mi hermano menor que crece de manera desmedida al ritmo de su ira... Dejando atrás todo eso ahora tengo un hombre que me afecta.
El hombre en cuestión tiene unos pocos años más que yo y vive tan lejos que no creo que tenga ganas de venir a visitarme, nunca.
Me ha hecho llorar un diminuible número de veces, pues actúa como si fuera mi padre. Es bueno, divertido, e incluso cariñoso; me cuida y se preocupa por mi, pero me recrimina cualquier error descualificando mis sentimientos con dureza e ira. También impone su sexualidad cuando cree necesitarla, sin siquiera tener en cuenta aquello que yo desee.
Pero no puedo dejarlo ir, no, algo me ata a sus constantes ataques, mis ojos le ven como aquello que necesito, aquello que parará mis malos hábitos sin tener que enfrentarme a la realidad de enfrentarme con el cara a cara (lo que me da seguridad)
Es mi nuevo padre, yo lo sé, yo lloro por ello.
Es diciembre y no puedo perderle ahora, cuando afloran mis temores del pasado y se me echan encima aquellos recuerdos que llevaba escondiendo el resto del año. Aquello que lucha con el presente en una pelea agresiva de amor y odio hacia la misma persona. El mes en el que yo parezco tener la culpa de todo lo que me atormenta y afecta a mis hermanos. Como si sus traumas fuesen también parte de los míos.
No puedo perder el que semeja ser mi padre sin los golpes, sin los gritos, sin sus metidas en mi cama durante la noche, solo la decepción que deja caer pesada sobre mi mezclándose con la alegría que me produce su orgullo y el calor que sé que le produzco.
No quiero eso, claro que no lo quiero, yo quiero poder dejar todo esto atrás pero nadie se impone a mi de forma que sea obligatorio poder dejarlo ir, no, mi libertad y soltería aluden a que cada vez que me escriba acabe contestando, más o menos tiempo después.
Acabe por dar satisfacción a todos aquellos deseos que sabe que puede hacerme, tras un rato, cumplir.
Por que soy una niña, una niña buena, que sabes que jamás se impondrá, ni discutirá, ni te molestará, ni te contará sus problemas por que prefiere llorar a solas, por que prefiere rajar sus brazos repetidas veces con el gusto nulo que eso conlleva para luego esconder sus brazos una y otra vez, chupando su sangre una y otra vez.
Una niña que promete, que parece cumplir, pero que siempre falla a medio camino y vuelve a por las cuchillas escondidas por su cuarto, cada vez más experta en esconder cortes, pero sin saber mentir dejando pruebas allí por donde pasa.
Estoy harta y no puedo más.
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