llevando sangre en cubas de dolor

En cubas de dolor llevé mi sangre hasta el mismo día que tropecé.
El día que tropecé se me cayó y una poca se derramó.
Quedó por completa manchada mi piel, pero no se veía sucia, solo maltratada.
Había un mosaico lleno de palabras y rayas que formaban lindas formas y hacían en mí: felicidad y miedo a la vez, pero yo ya temía de todo.
Cada cosa me hace llorar y sonrío cuando veo el daño y el picor que cada dibujo escuece en mi piel, pero claro, no lo hago por lucir sino por mi misma.
Cada raya actualmente escondida en mi antebrazo significa algo, pero todas provienen del dolor.
La gente cree que he parado, la gente cree que los meses de mi contador siguen acumulándose con la fuerza y valor que eso conlleva, pero obviamente tras ver que mis demonios podían más que yo, la adicción ha podido mas que el miedo y he buscado un sitio bien escondido de mi ser, donde guardar todos estos recuerdos y nadie los vea.
A veces no entiendo la fijación de la gente por creer que aquellos que se arrebatan su propia sangre carecen de normalidad, pues fuera de lo común todo parece formar parte de un mundo de locos. Pero pensándolo fríamente, el cuerpo de todos contiene sangre, que en algún momento, de manera intencional o no, sale de este mostrándose al mundo.
Yo fuerzo esta reacción del organismo, le quito la naturalidad creando preciosos patrones sobre mis brazos y no puedo mostrarlo por que está rodeado por el tabú de que uno no esta bien cuando fuerza un proceso natural. 
Las cubas de dolor se llenan hasta el borde a lo largo de los años, gota a gota, y en el momento en el que un trauma llena como una lluvia todas las que puedes agarrar y luego las patea, llegas a balancearte tanto que solo hay dos opciones, o caer (lo que supondría la muerte) o dejar caer las cubas en un tropiezo, quedando rociado de aquello que pretendías evitar. Solo que ahora ha sido inevitable.
Voy, desde hace no más de un año y medio a un psicólogo especial que intenta sin señal de mejora entrar en mi burbuja de trauma y una vez dentro explotarla.
Siempre me dice que los pasos son lentos y que los debo dar a mi ritmo, pero no consigue ni lo más mínimo que abra aquella historia que escondí no me acuerdo donde
Quiere probar psicoanálisis conmigo, pero tampoco le funciona, él dice que esto pasa cada una de las veces que trata con víctimas de abuso infantil a largo plazo, pero yo no dejo de pensar que son infancias arruinadas que no se pueden recuperar aunque consigan dejar atrás las fuertes emociones de que hayan violado su inocencia. 
Entonces me hundo y solo puedo ver las cosas negativas de aquellos que me rodean, creyendo que todo lo que dicen es un ataque hacia mi y hacia mi pasado de abusos y maltrato. 
Creen que me enfado con ellos, creen que han hecho algo mal, creen que esos días han perdido por completo mi apoyo, y yo soy la mala del cuento.  
La mala que luego se esconde y se daña y se hace creer que todo fue su culpa.
la que cada vez tiene menos cubas y más pequeñas y ya no soporta el peso de la cuba gigante que lleva a la espalda  que el trauma llena a cada minuto, que derrama sangre y que ocupa el sitio y la fuerza que necesitan las nuevas cubas.
Pero no lo puedo decir en voz alta.
Y por eso lo escribo, para callar.

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