llueve

Un año más, acaba el verano y entra el invierno.
En el invierno, el frío que ejerzo sobre las personas no se nota, ese frío que me obliga a alejarme de las ellas al poco de comenzar a estar a su lado y que me preocupa, o más bien no, durante el verano.
En invierno las personas tiemblan en mayor medida por el frío que por el "mal rollo" que ellos dicen que doy y, a veces, parece que no sufren con que yo exista. 
Todo el mundo se tapa, por que el viento se les mete en los huesos junto con la humedad o por que tienen ciertas partes del cuerpo tatuadas de dolor. Como pista, yo soy muy calurosa y tengo que pasar los otoños de manga corta.
En invierno, todo cambia, incluida la imagen que se tiene de mí, la lluvia tapa las lágrimas, el frío esconde la ansiedad, los abrigos tapan las marcas del automaltrato y las noches se ocupan de mantas y libros junto a una ventana que gotea en mi coronilla por que está abierta aunque llueva.
También escribo diferente.
Las historias de chicas que corren muertas de miedo por el asfalto mojado de la calle principal de mi pueblo son reales, se identifican conmigo volviendo a las ocho de la tarde en noche cerrada por allí por donde nadie pasa para no tardar demasiado en llegar a casa, y que me toquen con unos buenos gritos.
La poesía tampoco dura gracias al paso de los inviernos, en los que cumplo, maduro y encuentro formas menos dramáticas de expresar el mismo dolor que me acecha.
Lloro lo mismo, sufro por cosas nuevas con la misma intensidad, pero la realidad se borra poco a poco de una y es más complicado expresar algo que cada vez te importa menos y menos.
Pierdes aquella magia de contar tus problemas como antes, tus parpados se caen, tu pelo se desliza por tu cara y solo quieres dormir.
Todo el mundo entiende que quieras dormir en invierno, donde ellos se amodorran por el calor interior que empaña las ventanas y con el silbido del viento, yo y todos los que no sabemos reírnos de nuestros baches dormimos por el cansancio de llorar, o por el cansancio de aguantar las ganas de hacerlo delante de la incompetencia que nos rodea.
La casa es un fuerte, por que escondes que la lluvia sobre ti, empapándote y congelándote, te encanta.
En realidad no venía a decir nada de esto, sino a expresar que con cada lluvia sobre mí, cambio y tengo menos necesidad de usas metáforas que no me llenan, títulos estrafalarios, despedidas demasiado pensadas o incluso esconderme detrás de una pantalla. 
Mi madre me grita igual cada día por cada día que entro en casa al mediodía.
Mi padrastro me pone rabiosa cada día.
Mi hermana llora todas las tardes 
Todo está igual, pero todo es diferente 

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