Soy una psicópata, lo he aceptado y, pues, me gusta.
He hecho algo horrible, no me arrepiento, no hay nada por lo que arrepentirse.
Nadie lo sabe ni lo sabrá nunca.
He dado miedo, pero no me importa, lo he disfrutado.
"Las personas cometen errores" Yo no he cometido ninguno ¿Ya no soy persona?
Vamos a ver, solo hice sufrir un poco a mi hermana, hace poco fue su cumpleaños y ya ha tenido suficiente disfrute.
Un cumple con una vela del ocho, tarta, fotos, regalos y familia.
Cuatro días después, meterle miedo por su desobediencia descarada, no es nada.
Yo no obtuve nada de eso, ni benevolencia siquiera.
No grité, no la toqué, no me enfadé... Tan solo sonreí mientras le decía las verdades agrias y escocedoras sobre ella.
Todo a mi alrededor se veía como una película, el silencio se hacía, el sol de media tarde ya casi no existía, los arboles a través de la ventana temblaban por el viento, y yo parecía caminar con la cabeza ladeada y despacio, puesto que todo se veía torcido, rebotante, despacio.
Ella lloraba de fondo, la tenía en la habitación contigua, pero semejaba estar muchos pasillos tras de mi.
Mi cuerpo no sentía nada, y si lo sentía era miedo de que algún espejo atravesado en mi camino me mostrase en lo que me estaba convirtiendo.
Tomé el paraguas, ella ya no lloraba y a mi me invadió un impulso de golpear algo que estuviese dormitando.
No toqué a la pequeña, ni al gato, ni siquiera a mi.
Mi serenidad era falsa, parecía no tener consciencia, no miraba a nada, repiraba normal, todo era mentira.
Mi pecho, apretado por el aire que me rodeaba guardaba un animal que golpeaba furioso y hacía que todo retumbase.
Mis ojos secos gritaban por llorar.
Tenía mucho sueño, las nubes se paralizaron, no quería dormir, solo quería escribir, la punta estaba rota, escribía igual.
Apreté la mandíbula, puto verano, cuanta luz.
Me metí hecha un ovillo en la ducha, el agua caliente me destensó.
Todo dormitaba al salir, incluida mi diabólica mitad.
Esperé con miedo a que todos llegasen llena de nervios, de tristeza.
Ni siquiera quería verlos, solo quería cantar mis locuras.
Estar sola, salir y morder, llorar hasta dormir, pero ya no sentía más que un vacío.
He hecho algo horrible, no me arrepiento, no hay nada por lo que arrepentirse.
Nadie lo sabe ni lo sabrá nunca.
He dado miedo, pero no me importa, lo he disfrutado.
"Las personas cometen errores" Yo no he cometido ninguno ¿Ya no soy persona?
Vamos a ver, solo hice sufrir un poco a mi hermana, hace poco fue su cumpleaños y ya ha tenido suficiente disfrute.
Un cumple con una vela del ocho, tarta, fotos, regalos y familia.
Cuatro días después, meterle miedo por su desobediencia descarada, no es nada.
Yo no obtuve nada de eso, ni benevolencia siquiera.
No grité, no la toqué, no me enfadé... Tan solo sonreí mientras le decía las verdades agrias y escocedoras sobre ella.
Todo a mi alrededor se veía como una película, el silencio se hacía, el sol de media tarde ya casi no existía, los arboles a través de la ventana temblaban por el viento, y yo parecía caminar con la cabeza ladeada y despacio, puesto que todo se veía torcido, rebotante, despacio.
Ella lloraba de fondo, la tenía en la habitación contigua, pero semejaba estar muchos pasillos tras de mi.
Mi cuerpo no sentía nada, y si lo sentía era miedo de que algún espejo atravesado en mi camino me mostrase en lo que me estaba convirtiendo.
Tomé el paraguas, ella ya no lloraba y a mi me invadió un impulso de golpear algo que estuviese dormitando.
No toqué a la pequeña, ni al gato, ni siquiera a mi.
Mi serenidad era falsa, parecía no tener consciencia, no miraba a nada, repiraba normal, todo era mentira.
Mi pecho, apretado por el aire que me rodeaba guardaba un animal que golpeaba furioso y hacía que todo retumbase.
Mis ojos secos gritaban por llorar.
Tenía mucho sueño, las nubes se paralizaron, no quería dormir, solo quería escribir, la punta estaba rota, escribía igual.
Apreté la mandíbula, puto verano, cuanta luz.
Me metí hecha un ovillo en la ducha, el agua caliente me destensó.
Todo dormitaba al salir, incluida mi diabólica mitad.
Esperé con miedo a que todos llegasen llena de nervios, de tristeza.
Ni siquiera quería verlos, solo quería cantar mis locuras.
Estar sola, salir y morder, llorar hasta dormir, pero ya no sentía más que un vacío.
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