visión borrosa

Últimamente me he dado cuenta de muchas cosas, en tan solo un par de días de reflexión he visto la necesidad que tenía, de alguna manera, de adquirir una pequeña cantidad de luz. 
De esta manera ahora levanto más a menudo la persiana hasta casi la mitad e incluso, a veces, abro la ventana.
No es que me haga más feliz, ni mucho menos, es de cerca una necesidad vital de energía, inspiración.
Miraba de improvisto por la ventana hoy, muy rápido, sin fijarme en la imagen concreta del paisaje, cuando vi una dilatación de la realidad, algo turbio, descolocado.
Como me sorprendió bastante, decidí volver a mirar con más detenimiento, era cierto, a lo lejos, los tejados naranjas de las casas amontonadas del pueblo grande en el que vivo, se distorsionaban, se movían y destelleaban ante mis ojos. Pero era verdad.
La vista sugerida era incierta, los ojos humanos tergiversaban la imagen creando para cada ser individual una imagen distinta, concediendo así una manera diferente de verlo con cada vez que posabas el ojo.
Era incluso excitante. Misterioso.
Pensé que sería la luz, que dada tan directamente sobre elementos de vivo color hacía parecer un movimiento tenue, puesto que solo me había fijado en los tonos cítricos de las viviendas. Pero no, ya que cambiaba a cada ojeada.
Eso tan indiferente para la población envuelta y ensimismada, fue lo que a mi me dio la idea de escribir, de formar conjeturas frente a la desanimada visión que el mundo me estaba ofreciendo.
Abrí los ojos. No, no los abrí, solo los usé con mayor detenimiento.
Era hermoso, digno de acercarse a la ventana.
Pero aquí no acaba el cuento, a un lado del cuadro creado por la civilización, había la maravillosa creación de la naturaleza, un pequeño bosque, lleno de exploración de jóvenes y exploradores, de ganas de tranquilidad y de cientos de historias por crear de soñadores enjaulados.
Inspiración nunca mejor explicada.
Surgía entonces, de mi, las ganas de escribir, de crear personajes y darles vida.
Pero lo mío no es escribir a la larga, así que decidí deleitar a mis lectores con las abrumadoras sensaciones que tienes cuando dejas de lado todo para observar los que solo unos pocos admiran, lo que hay más lejos de lo que pensabas, la nada, el verdadero todo, los brazos de lo que nos rodea, que casi tocándonos nos protege, nos da vida.
Lo que solemos ignorar.
Es inútil entonces negar la existencia de la verdadera necesidad.

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