papi hace llorar a servidora

Lo sabía, explotó, la rosa ya dejó de oler a rosa.
Yo no esperaba el día, lo único que tenía por seguro es que sería cerca, en un momento cuando las cosas no le fueran bien, cuando el rey de la casa no tuviera el reino como si solo vivieran él y la reina.
Cito sus palabras: "si fueran las cosas como yo quiero, no tendría por que estar así, que todos estos días me callé", en realidad no dijo eso así, sino que lo dijo como un viejo analfabeto de pueblo, y escribir todos sus errores de habla da mucho trabajo.
Callar no se calló nada, no paró de bufar cual toro enfadado, de chasquear la lengua, de girar la cabeza llena de molestias y, por último, sus tonos y palabras de insulto.
Yo tampoco hablé, pero yo hui, cada vez que él se acercaba yo salía de la estancia, procurando no encontrarlo, para que, si iban a hablar de mi, no tuviese más quejas que las habituales.
Mi madre, tan enamorada como está, empieza a cansarse de escuchar su discurso habitual, ella ya escapa de la conversación, ya se niega a hablar de nada la gran mayoría de las veces.
Yo sabía que el castillo había sido construido sobre cenizas de algo no curado y, sobre todo, hecho a prisas.
Se están cayendo sus muros débiles. Se rompe su afinidad.
Jamás confié en él, jamás me fue una persona amable ni, por mucho menos, me significó como familia.
La palabra familia para mi se acabó a los catorce, cuando mis padres se separaron.  Mi madre, como loca, no espero ni acaso cuatro meses antes de volver a casarse, con un casi completo desconocido. Mi padre, al que siempre odié en secreto, se convirtió en un monstruo en potencia.
Considero que no podré tener una figura masculina en mi vida nunca.
Considero que hay un trauma tan acogido en mi interior que superarlo sería misión inútil.
Así que, yo que no he cambiado mis costumbres diarias lo más mínimo de cuando les parecían bien a cuando ya no, creo con toda mi vida que la familia, si no eres tu quien la elige, no vale la pena que exista.
Para mi la familia son las personas que te tratan bien, te crían, te protegen, te quieren. Para mi, la familia, son mi abuela, los personajes de ficción a los que tanto venero, un par de amigas, mi tía antes, mi hermana y mis sombras y soledad. Para todos, la familia, parece ser una burda obligación, parece no más que algo que intentan hacernos ver que tiene que ser bueno sí o sí, independientemente de como sea en realidad.
Veo mi futuro negro siguiendo esas indicaciones, veo a mi padrastro, dentro de diez años, parado en el umbral de la puerta de mi casa, cual pesadilla, poniendo cara de asco, como si todo fuera suyo y le molestase que yo lo tuviera. Lo diviso entrando como si nada importara, adueñándose de mi sofá, echándome una tras otra bronca de que lo hice todo gracias a él, de que mi madre fue lo más importante, de que fui horrible, de que mis hermanos se traumatizaron al tenerme a mi (una sucia enferma mental) en su casa y sobre todo de como les abandoné en cuanto pude cuando lo que de verdad querían era haberme echado antes. Todo sin sentido, como si un niño que no se sabe bien las palabras intentase dar un discurso, exactamente así es él.
Y creedme cuando digo que podría odiarlo más, y que, aun odiándolo tantísimo, agradezco que nos dé de comer.
Agradezco que mi madre le quiera, por que mi madre lo pasó fatal, aunque tampoco la soporte a ella.
Agradezco que me grite él y no mi madre, por que él no me importa, ni mucho menos lo que dice, pero si mi madre me lo dijese me destrozaría la vida, por que sería lo único que le quedaría por hacer.
Mi madre ahora ha muerto para mi, pero hace tan solo unos años, era mi madre y me sentía orgullosa de ella. Él la ha marchitado. Él ha matado a mi verdadera madre para siempre, aunque le siga aguantando y hasta alguna vez, protegiéndonos de él.
Sentía que necesitaba hacer esto, aunque nadie lo lea queriendo apoyarme, sino solo por diversión.
Divertíos, ya estoy yo aquí, al otro lado de la pantalla, llorando para que vosotros sonriáis. Gracias por acudir a mi, me alegra subsanar vuestros temores terrestres con mi dolor.

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