días soleados, pero las nubes no se van

Hola,
Habréis notado que el ambiente veraniego va llegando, bueno, por lo menos en España. Quiero decir que, por las malas, he visto la luz del día, un día profundamente soleado. Pensad que estoy en Galicia, lugar de lluvias y vegetación, por lo cual, sigue habiendo nubes.
Pues, tal como soy, me quedé durmiendo hasta tarde después de una noche ajetreada y al venir a despertarme me levantaron la persiana.
La luz, objeto odiado por mi ser (a la lista), por alguna razón me dio una especie de energía, como si volviese a tener menos de ocho años (luego empecé a pudrirme). Y me dispuse a hacer cosas. Corrí escaleras abajo en pijama y hablé con la vecina que tantas veces había querido ofrecerme cosas, aproveché y hablé de mis hermanos. Entonces me entregó una bolsa de peluches y juguetes de los ochenta, de su hija, cosa que le agradecí tanto que no sería raro que sueñe con ello. Pasé la mañana reparando muñecas y eligiendo peluches, luego ordené un poco mi armario y ahora, que el sol es tapado por las nubes, está todo tirado por mi cuarto, sin ganas de recogerlo, solo de escuchar el viento que a pocos se levanta.
Gracias a esta situación me di cuenta de que llevaba mucho tiempo pensando y escribiendo lo que pienso, pero en ningún momento me paré a imaginar, en ningún momento vi la realidad de que la imaginación es crear, es vivir, y los pensamientos son una evasión del mundo habitual. Imaginé, creé, durante el tiempo que cosía, lavaba caritas, ponía pestañas nuevas, dejé de ser odiosa, dejé de ser yo, para volver a ser niña.
Como digo yo, al lado del mar como estoy es muy intenso el tiempo y sus cambios de luz y calor a viento infernal. Y creo que eso experimenté yo. La ilusión fue parte de mi, todos pudieron notarlo.
Quizá mi humor, personalidad, mi estilo y mi existencia sean así, un sol nublado, cuando el viento deja de soplar y ya no llueve hay cortos momentos de luz y calor. Cortos, muy cortos.
Lo mío no es lo racional, para nada, por eso no me paro en mis cambios de humor. Sería estúpido pararse a pensar en cada ápice de odio que viene y se va, perdería media vida que podría utilizar para pararme a pensar en cosas más interesantes, en cosas como algo para escribiros aquí.
Tan estúpido quizá como experimentar un empuje a no saber absolutamente nada sobre ti, ni cual es tu mayor miedo ni siquiera que color es tu favorito, si tienes, ya que tampoco lo sé.
Conozco lo más recóndito de mi mente, pero lo externo me es indiferente. 
Incluso dejé de llenar mi álbum de fotos cuando cumplí los doce.
La vida dejó de importarme y yo a ella, eso lo explica casi todo, o por lo menos muchas cosas.
El sol ha vuelto, pero yo ya estoy lo suficiente desganada como para seguir recogiendo.
Mi momento es la noche, cuando la luz la da la luna y las estrellas, cuando el silencio es interrumpido únicamente por animales nocturnos y ráfagas del tiempo. Cuando solo tu estás despierto a la espera de la inspiración que en todo el día no había llegado a ti.
Santa noche.
En la lista de las cosas que me gustan, corta y pérdida, está la noche.
Asomarte a oscuras por mi ventana a observar la quietud del movimiento nocturno, la caída de la humedad, la música de la nada.
En la noche seré yo.
La antisocial, sin ganas más que para la soledad, la imaginación, la mentalidad y la introspección. Con toda mi creatividad recién encontrada.
Solo entonces escribiré el o los árticulos del día próximo. Como siempre.
Aunque hoy solo tengáis uno, lo siento por mis habituales.
En la noche no publico.
Alguna vez me dará por hacer un relato erótico en la noche y borrarlo tras veinticuatro horas, alguna vez, estad preparados para las capturas.
Alguna vez dejaré de sentirme tan dentro de mi que a lo mejor quiero una pareja, que a lo mejor quiero algo más con ella que los niños hasta segundo de secundaria. Yo que sé.
Soy idiota, pero también impredecible.

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