días de miedo

No os lo esperaríais, tengo miedo.
Lo tengo de salir a la calle, resulta que, como  vivo en un sitio en el que viven menos de cinco mil personas, se puede salir ya sin restrinción de edad, ni de tiempo, ni de número de gente en un mismo grupo.
Todos quieren que yo salga, que camine por fuera, a la vez que no quieren.
Eso es digno de explicar, como es coronavirus lo que hay, quieren que salga por que la encerrona es muy mala, pero cuando le pido a mi madre para salir me dice que no, que no es merecido.
Aún así me alegra bastante que no me dejen salir, puesto que tengo miedo, a la gente, a los coches, a los accidentes, al mundo en general.
La enfermedad me importa lo que se dice bastante poco o más bien nada.
Se que es un catarro que solo afecta a aquellos que tienen defensas bajas de alguna manera (además ya casi se ha desvanecido) y yo, para bien o para mal, soy una persona correctamente sana, sin enfermedades ni deficiencias de salud.
¿Pero que pasará ahí fuera?  Donde soy vulnerable a la soledad de la que tanto se ríe la sociedad o, incluso a la compañía humana que suelo detestar.
También es verdad que una de las personas a las que amo puede venir a verme y yo a ella en seguida, mi abuela.
El problema es que, no entiendo siquiera el miedo que estoy sintiendo, ese que veo tan absurdo e irreal.
Siento ese tipo de miedos bastante a menudo, ni tener una razón exacta, siento un temor infundado por algo irreconocible, y lo peor, es que me dejo llevar por dicha sensación.
Recuerdo que a los cinco años comencé a tener un miedo terrible por los fantasmas y que solo dejé de tenerlo cuando vi casper como siete veces, me acuerdo que la oscuridad por mínima que fuera me hacía temblar, lo recuerdo como si fuera ayer.
Pero así más cosas, durante dos estúpidos años de mi inesperada entrada a la adolescencia corría pasillo adelante para no toparme con un niño que ni siquiera sabía que yo existía, pero mi cabeza no hacía más que repetirme que era peligroso, que podría dañarme y yo, me lo creía.
Ahora lo pienso como pienso en cualquier cosa que se pasa por delante de mi y veo que era una alerta por invenciones que mi cerebro se había empeñado en hacerme creer, todavía sin saber por qué. Puede que nunca lo sepa, o que sea de esas cosas que no hace falta saber, puesto que, si no encontré todavía el sentido de mi vida, ¿Para que encontrar entonces en vano de donde provienen mis más desprovistos de aviso en sueños?
Es una traición, algo dentro de mi me odia tanto como me odia el mundo al exterior.
No veo quien podría ser, ya que, creí no tener nunca nada en mi interior y, sinceramente, me sorprende encontrarme con esa idea dentro de la cabeza, incluso me produce gracia, imaginar a un pequeño ser mitológico, enfadado y greñudo, pintado en tonos ocre, tierra y grisáceos. Gruñendo de la nada por que, bueno, por que me detesta.
Debería mostrarle mi simpatía, nos caeríamos bien.
Ahora, sigo sin confiar en absoluto en la oscuridad, pero las cosas macabras han llenado el espacio vacío que el entretenimiento "normal" no llenaba en mi. Algo así como la sustitución de un libro favorito por otro.
O de tu serie favorita que se ha acabado y tienes que buscar otra.
Solo que volviendo al tema inicial, ahí afuera hace un día de lo más maravilloso, nublado hasta fastidiar, no caluroso, pero tan solo al borde de la lluvia, me muero por salir, pero hay algo que me lo impide en lo más profundo de mi.

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