carretera al otro barrio

Todo para mi está resultando bastante complicado. Espero que para vosotros no tanto.
Esta mañana me ha llamado un número el cual toda la familia desconocía. Resulta que era un médico, y que la llamada, no era para mi; De todas formas aproveché por que es mi médico y quería hablar con el.
Como todos mis psicólogos y médicos, lo único que dijo como si fuese su obligación fue que saliese de casa aunque fuese a la compra y que siguiese horarios bien marcados.
Bien marcados... ¿Lo que me quiere decir es que haga todos los días lo mismo a riesgo de pudrirme en la monotonía?
Y como buena borde que soy, le dije lo mismo que a todos, "hago lo que hago cuando lo hago, un horario no hará más que estresarme si me retraso un minuto, no se cuanto me lleva cada cosa, no hay tiempo exacto".
También me recomiendan ejercicio, no sé para qué, mi peso es muy elevado y no preciso de resaltar que siempre pensé que a estas alturas de mi vida, estaría muerta.
Sigo viva, una pena. 
Al final, lo único que conseguí fue ponerme de mal humor, como siempre. Para volver a estar en un buen día en el que cantan los pájaros, me puse a mirar cursos para estudiar gratis o ganándome la vida. Ninguno me gusta, todos tienen que ver con los idiomas (inglés) o las mates, únicas dos materias que suspendo irremediablemente.
Después decidí mirar mis mensajes y ¡hola!, me dio la bienvenida un mensaje empalagoso.
Nadie parece comprender que no quiero cariño, he decidido al menos por unos días dejar ese mensaje en velo... flotando en un millar de caras de desaprobación.
En definitivo, un día que da asco. Lo último que me quedaba para ponerme de mejor humor era exigirme un poco de filosofía, en total, divagar un poco por la mente humana intentando encontrarle sentido por primera vez a cosas de las que jamás me había preocupado, ya que las había dejado fuera de mis horizontes. Ya no hay tales marcas. Pero no encontraba en qué pensar, puesto que estos días era a lo que me había dedicado y ya no hay nada en lo que pararse un rato. Incluso mirar por la ventana me ha quedado indiferente, o casi.
Solo que, cuidado, soy una persona humana con ideas de persona humana del casi primer mundo. Vamos, me metí en Google. Me dediqué a buscar imágenes que encajasen con mi delicada situación de emo-hateroscura-antisocial-yonki-pija-kawaii-nootaku. Difícil de verdad. Pero encontré una, tan solo una, un fondo negro y una palabra en rojo, en el centro de la imagen, justo al lado de un pequeño emoticono.
"HELL" 
Al lado de la agujita del maps. 
Por fin conseguí algo en lo que pensar. ¿que era más cómodo: subir un trillón de escaleras hacia un lugar fresco y lleno de luz o dormir en un viaje en coche por una carretera rodeada de absolutamente nada hacia un lugar caluroso y oscuro?
Ambas tienen su lado bueno, el cielo es silencioso y tranquilo, pero el infierno es oscuro y sencillo de llegar. A la vez tienen su lado malo, el cielo tiene mucha luz y el infierno mucho escándalo. 
Solo en ese momento me di cuenta de que yo no era creyente de nada y que si muero, se acabó, no hay nada después. 
No hay otro barrio.
No hay sitio al que escapar, así que cada uno puede diseñar su sitio ideal.
Yo creo que el mío sería una gran ciudad, llena de gente, en la que, entre las masas, yo no existiese. Tiendas con objetos de mi gusto por todas partes, aunque poco dinero que gastar. Amplios parques sin niños en los que mirar a los adultos que de mil maneras diferentes expresan que existen y que están ahí. Sus estilos abrumadores, cultura, músicas y deportes. Fotógrafos, guiris, negros, blancos, chinos, otakus, raperos, trans, chicas, chicos, rubias, pelirrojos, ciegos... Todo para mi y para explorar. Luz pero poca. Música pero baja. Charlas en murmullos. Brisa fresca en días de temperatura media. Y yo tendría una casa. Insonorizada de interior a exterior y viceversa. Una sola estancia con un gran baño tras una puerta en una esquina, un gran ventanal para observar desde un octavo piso la ciudad sin niños, ni coches, ni ruidos altos y vientos cargados de mal estar y contaminación. 
Un nueva york más pequeño y tranquilo.
Mi lugar, mi curiosidad, mi soledad, mi tiempo a veces lluvioso y yo. 
Una maravilla
Un barrio mejor
Quiero morir, huir hacia mi nada, que se hace mi todo en momentos como estos. Siempre quise morir, pero no me está permitido, como si mi vida pendiera de un hilo que no aguanto yo, que no sujeto ni corto ni suelto yo. Como si agenos a la pendiente de mi vida supiesen lo que yo quiero y cuando.
Ridículo, aunque lo entiendo, soy menor de edad, debo estar bajo las normas de superiores, pero en un año mi vida será mía y yo decidiré si quiero o no que siga siendo mía o de nadie. Solo del aire, la brisa que se lleva las almas, llenas o vacías, bien lejos. La dama oscura, la reina del tablero, la dueña del cordel que yo no controlo ahora y jamás controlaré del todo. La muerte. Mi muerte. 
Parezca o no que entiendo lo que está pasando, me sigue gustando postrarme en el marco blanco de mi dura ventana a oler el mar, a ver las hojas de los arboles cercanos bailando la misma canción y escuchando los miles o millones de sonidos que surgen como si nada los produjese y como si fueran solo para mí. Con algo así no importa el resto, el dulce tintineo de la vida exterior, te quita las ganas absolutas de tu móvil, donde podrías estar leyendo esto. Una visión de tu acallado entorno, dejando de pensar, dejando de existir y ver que hay mas allá de lo que pensabas, más preguntas que hacer, más pasos que dar. A las cosas que odio sumarle todo eso, la monotonía, la dependencia, la atronadora vida que llevamos, la capacidad de existir y la discapacidad de no hacerlo. Sumarlo todo. Sumarme a mi.

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