Recuerdo como si fuese ayer el día que me di cuenta de que yo era
bisexual, quizá llevaba ya meses de duelo. Encontré hace no demasiado el texto que escribí sobre
ello:
Últimamente he
tenido sueños muy extraños. De todo tipo, todas las noches. Obvio
pensé que era normal soñar a lo loco. Y lo era. Pero una de las
noches mi sueño parecía real y era muy concreto,
se me veía como
desde una perspectiva de un compañero, yo estaba en el instituto, en mi
mesa, con una chica, entonces esa chica me besaba, no me disgustaba,
me dejaba en una situación macabra.
Cuando ese sueño
llegaba a mi yo era mas joven y creía que era así un insulto. Mi
educación había sido deprimente.
Al principio le
llamé pesadilla e intenté negarlo. Al poco me descubrí queriendo
coger de la mano a una amiga que siempre me trataba muy bien, o
recordando cuando con 5 años jugaba con mis amigas a ver quién daba
el mejor beso. Me sorprendí bastante. Poco después tuvimos mi
primera charla de sexualidad enserio, una chica de lo más divertida
nos explicó las mil y una maneras que hay de sentirse y de sacarle
provecho al gusto que tenemos por otras personas. Me tranquilizó
bastante esa información y con el tiempo (ya contaré) me fui
adaptando a ella.
Así acepté que las
personas de mi mismo sexo inculcado por la sociedad me gustaban por igual que las del sexo
contrario y que por veces más o menos que las mismas.
Al tiempo también
estaba el hecho de ser únicamente homosexual, que me tentaba por su
capacidad de ser especial en la sociedad y de atentar de mil maneras
nuevas a las redes sociales y a los corazones de quienes las
visitaban.
¿Que a qué me
refiero?
Sencillo, atrae
culturalmente y atrae cuando tu odio hacía el sexo opuesto esta
latente. Te susurra al oído las miles de posibilidades de
interacción que hay. De verdad lo pensé varias veces por que como
nadie me quería que más daba una cosa que la otra. Algo me decía que
no estaba bien proclamarlo por que yo quería ser una persona de lo
más diversa. El efecto en mi es el mismo.
Y claro, siendo yo,
me como la cabeza, es algo digno de mi.
Empecé a pensar en
mi primera vez, que tanto con uno como con otro sería de lo más confusa.
Me apetecía mucho probar ambas cosas. Pero una dolía y la otra me
resultaba tan desconocida como Japón mismo.
Una vez me gustó un chico trans, el tenía dos años más que yo y vivía a tan solo
20 minutos en coche. Aunque era un tío en toda regla siempre me
recordaba que su órgano sexual no era el que la gente espera por
defecto (cosa que yo no hago). De verdad me gustaba, nos mareábamos
a nuestro gusto y nos lo pasábamos bien. Todo empezó por un par de
besos a escondidas y acabó cuando el me dijo que quería algo serio
y yo me eché para atrás por miedo a lo desconocido. ¿Qué se hacía
en la cama? Sabía que él me respetaría para que me encontrase a
gusto, pero me negué igual.
La coña fue que
quise enfadarme con él, por que me agobiaba sin querer, y vengarme sin
hablarle para que supiese que algo no iba bien, pero no fui capaz.
Acababa cayendo al abismo de su labia antes de que pudiese notar mi
rencor. Esa dominación que yo le permitía tener sobre mi solapaba
mi temor. Pero me pasa igual con todos, siempre, aún ahora, si acercan
la mano a mi pantalón ya me quiero volver a casa. Creo que manda
sobre mi la baja autoestima, que no me permite sentirme acorde con el
momento.
Como no, lo arruiné,
el chaval no me habla, sigue con sus historias en Instagram, pero ya
me ha quitado de el grupo de mejores amigos. Todo por no saber hacer
nada.
Lo he pensado y me
dejaría caer en sus brazos ahora, tanto tiempo después, por que al fin
y al cabo aunque yo me odie, puedo aceptar que los demás me quieran,
sea o no costumbre.
Como podéis ver a
este blog venís a comeros conmigo la cabeza, antes tenía un amigo
en clase pero ahora las dificultades se han apoderado de las
circunstancias.
Espero que os guste
posdata: esto es
como un grupo de apoyo en el que solo hablo yo y vosotros escucháis.
Comentarios
Publicar un comentario