A veces dormir es más complicado de lo que se cree...
Sumergirte en lo más profundo de la mente humana es complicado, allí donde reina lo inconsciente y la música de fondo se torna turbia y lenta.
Es un camino largo y oscuro, que no todo el mundo pasa por igual, muchas personas se duermen en seguida, de inmediato, a veces en buena medida, sueño normal.
Otras tardan bastante en dormir, incluso horas, casi siempre si es por insomnio es por qué la persona en cuestión está llena de inquietudes, pero no buenas inquietudes. Personas que por alguna razón u otra son comidas por traumas e incomodidades que les mantienen despierto dándole vueltas al problema buscando solución alguna a sus miedos y su tiempo, entre ellas yo.
Luego está la punta contraria, la hipersomnia, la acción de dormir desmesuradamente y no dejar de sentir un sueño excesivo. De todas formas, también suele ser personas que tardan de dormir y que su mente inconmensurable y oscura se llena de pensamientos agonizantes.
Estas personas tienen la capacidad de dormir de manera exagerada para evitar los ecos que asolan su mente. Esta gente es considerada más débiles que el resto de soñadores, puesto que se considera que dormitan por que no son capaces de afrontar sus dificultades. Falso. Falso por dos cosas. Son igual de débiles que el resto, eso no es caso de juzgar, pero lo afrontan de manera diferente, pero también son más fuertes porque a pesar de tener problemas, los afrontan de alguna manera.
Lo peor es la combinación, cuando tus horarios no son cuantificables, cuando no se puede planificar nada, no eres capaz, no controlas lo que sientes o como lo sientes, ni mucho menos cuando.
Quizá sientas miedo... quizá duermas sin saber como ni cuando y cuando despiertes gritando por pesadillas persistentes. Tus manos tiemblan y constantemente cierras la tapa de tu libreta por las ojeadas ajenas, te das la vuelta en el sofá sin ganas de hablar. Incluso en fiestas, incluso con una sonrisa en la cara... quizá el miedo controla lo que haces y como lo haces, o durmiendo.
Yo tengo sueños de lo peor.
El otro día soñé con estar en casa de mi abuela, eran las 5 o 6 de la tarde, hora de la merienda y teníamos que darle el potito al bebé, mi hermano, algo más mayor, lo coge y se le cae, no lo rompe pero el bote se estalla. Yo lo tomo, lo abro y observo que contiene cristales diminutos. Los saco, los cuelo una y otra vez, pero no se van solo aparecen más pegados a la mezcla comestible.
Entonces, sin razón aparente decido meterme en la boca una cucharada y siento los extractos en la lengua y entre los dientes. No cortan, solo son muy molestos. En este momento abro la boca sobre el fregadero con esfuerzo de crear un gran túnel de paso desde mi garganta al desagüe y caen, entremezclados con el contenido inicial de la comida. Es un buen puñado, repaso los dientes con la lengua y repito el proceso varias veces.
Por último junto los labios en posición de silbar y escupo un hilo de saliva fina, ya medio consciente fuera del sueño, una saliva lleva de los últimos vidrios. Me despierto y me encuentro, como escupiendo, con la boca y la mejilla húmedas.
O otra, hay unas sombras, de forma monstruosa que deambulan por mi cuarto caminando y arañando mis objetos. Me sonríen a través del espejo o veo sus dientes a través de la oscuridad. Esos dientes tan terribles de esas sombras tan negras y deformes a ratos, cuando se cansan, aprovechan para acercarse a mi de forma agresiva, babeándome, arañándome, riéndose de mi. Al final acaban mordiendo, haciéndome daño, despertándome.
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