Tengo una suerte que viene y va de buena a mala con una brusquedad que asemeja ser impresionante.
Unos días el corrector de la app me lo marca todo como un reguero de sangre y al siguiente me entero de que mis padres me dejarán una noche a solas con mi hermano y podré ver varios episodios de mi serie favorita como para recuperar un poco el paso perdido.
Pero sé que algo, sea lo que sea me va a estropear el paso, yo lo sé.
Quizá la ilusión de la soledad se vea frustrada por una inesperada o más bien desesperada necesidad de atención de alguien.
Esa de la que yo carezco.
Ni hablar me hace falta la gran mayoría de las veces. Soy de esas personas a las que su imaginación les llega para vivir, de las que no hay comida o sueño o amigo que repare más que una invención suya.
Y yo invento todo el rato. Vivo de ello.
La gente interrumpe mi vida para aprovecharse de mis buenos ratos de fantasía irrealista, creyendo que lo que soy es graciosa, profunda o incluso fantasiosa, pero no ven esa palabra como yo la veo, solo ven dulzura, cuando detrás del muro de la palabra hay una verdad mucho más dolorosa.
¿Sabéis cual es? ¿No? Pues no me toca a mi explicarlo esta vez.
Yo siempre lucho por decir la verdad, pero no hay una verdad completamente cierta, la fantasía no tiene una sola cara, puede ser desde lo más bonito si se acompaña de inocencia, pero también puede ser una adicción insana y destructora si es llevada hasta un punto.
Acaba siendo un juego que te rompe, pero que te mantiene vivo por que ya no sabes usarlo de otra manera.
Gente, autores, grandes...¿Cuántos han dejado la vida atrás por haberse quedado fuera de su propia ensoñación?
Podría ser yo la siguiente, en un futuro, verme demasiado lejos de mi misma, no tener tiempo de mirarme y ver, a mi alrededor, mis brillos y colores.
Mi madre me riñe por hablar sola, no me deja estar sentada quieta y sola durante horas con el único propósito de ser feliz, dice que es peligroso.
Pero no me hago daño, no me caigo ni me desvivo.
Solo me despego más de la realidad llegando a odiarla, llegando a parecer desconectada. A este punto es peligroso. ¿Acaso no tendría que serlo?
Pero peligros a parte, pasaré una maravillosa noche de otro mundo sin esperar ni lo más mínimo del mundo real
Unos días el corrector de la app me lo marca todo como un reguero de sangre y al siguiente me entero de que mis padres me dejarán una noche a solas con mi hermano y podré ver varios episodios de mi serie favorita como para recuperar un poco el paso perdido.
Pero sé que algo, sea lo que sea me va a estropear el paso, yo lo sé.
Quizá la ilusión de la soledad se vea frustrada por una inesperada o más bien desesperada necesidad de atención de alguien.
Esa de la que yo carezco.
Ni hablar me hace falta la gran mayoría de las veces. Soy de esas personas a las que su imaginación les llega para vivir, de las que no hay comida o sueño o amigo que repare más que una invención suya.
Y yo invento todo el rato. Vivo de ello.
La gente interrumpe mi vida para aprovecharse de mis buenos ratos de fantasía irrealista, creyendo que lo que soy es graciosa, profunda o incluso fantasiosa, pero no ven esa palabra como yo la veo, solo ven dulzura, cuando detrás del muro de la palabra hay una verdad mucho más dolorosa.
¿Sabéis cual es? ¿No? Pues no me toca a mi explicarlo esta vez.
Yo siempre lucho por decir la verdad, pero no hay una verdad completamente cierta, la fantasía no tiene una sola cara, puede ser desde lo más bonito si se acompaña de inocencia, pero también puede ser una adicción insana y destructora si es llevada hasta un punto.
Acaba siendo un juego que te rompe, pero que te mantiene vivo por que ya no sabes usarlo de otra manera.
Gente, autores, grandes...¿Cuántos han dejado la vida atrás por haberse quedado fuera de su propia ensoñación?
Podría ser yo la siguiente, en un futuro, verme demasiado lejos de mi misma, no tener tiempo de mirarme y ver, a mi alrededor, mis brillos y colores.
Mi madre me riñe por hablar sola, no me deja estar sentada quieta y sola durante horas con el único propósito de ser feliz, dice que es peligroso.
Pero no me hago daño, no me caigo ni me desvivo.
Solo me despego más de la realidad llegando a odiarla, llegando a parecer desconectada. A este punto es peligroso. ¿Acaso no tendría que serlo?
Pero peligros a parte, pasaré una maravillosa noche de otro mundo sin esperar ni lo más mínimo del mundo real
Comentarios
Publicar un comentario